Vagando está, en los inhóspitos rincones de este mundo, un alma sin eternidad. Buscando urgentemente una salida sigue dando lástima por lo mismo de siempre, sin cambiar su excusa; hartos ya de saber la misma historia que nadie cree, se muestran arrogantes ante la situación.
A tantos hombres recurrió, a tantos lugares concurrió, tantos actos vió, pero jamás dejó su cobardía y vergüenza para aceptar los beneficios. Su coraje siempre diminuto antes los gigantes de la duda, ante los titanes acusadores de esos dedos señalantes. Ya nada le queda por intentar, ya nada quiere aprender, la vida se encargó personalmente de enseñarle lo dura que puede llegar a tornarse. “¡Es que no puedo!”- exclamó mientras escapaban lágrimas de sus ojos. “No quieres”, le respondieron; “Basta, es inútil pelear por lo que quiero, al fin y al cabo todo es en vano, nada perdura para siempre, todo finaliza enterrado en el fondo de algún lugar”-.
A tantos hombres recurrió, a tantos lugares concurrió, tantos actos vió, pero jamás dejó su cobardía y vergüenza para aceptar los beneficios. Su coraje siempre diminuto antes los gigantes de la duda, ante los titanes acusadores de esos dedos señalantes. Ya nada le queda por intentar, ya nada quiere aprender, la vida se encargó personalmente de enseñarle lo dura que puede llegar a tornarse. “¡Es que no puedo!”- exclamó mientras escapaban lágrimas de sus ojos. “No quieres”, le respondieron; “Basta, es inútil pelear por lo que quiero, al fin y al cabo todo es en vano, nada perdura para siempre, todo finaliza enterrado en el fondo de algún lugar”-.
Errante en sus pre-conceptos, no daba lugar a poder entender que lo único que tiene eternidad son las almas pactadas, y entregadas sólo al que es eterno por siempre y para siempre. Una simple solución, una sencilla palabra, podría trastornas su vida, sin llegar al dolor de la muerte que según el, le traería paz y felicidad.