Teclas
que corren apresuradas, diferentes tempos y tiempos, tiempos ligeros y a paso
lento. Sonatas de grandes compositores, reproducidas por un simple pianista.
Canciones que no dicen nada y dicen todo, no lo dicen , porque no lo hablan, no
lo cantan, son solo instrumentales, lo dicen todo, se sienten más, se disfrutan
más que aquellas canciones de letras huecas y vacías en un absoluto completo.
Eran sonidos ciegos.
“…me
había sentado en una de las primeras plateas, estando en aquel lujoso teatro,
disfrutaba y admiraba el escenario, donde únicamente estaba el gran piano y su
reproductor, con un elegante frac. Y cerré los ojos para sentir definidamente
las melodías, y se sintió tan bien, se podía imaginar una película para cada
sonata.”