Paisajes en blanco y negro
se dibujan al caminar del lápiz, detrás de la ventana que se cierra despacio,
sin precedente.
Mientras el sol, que ya
cayó, pero no vi, porque me lo impidieron las algodonosas nubes que miraban con
indiferencia; espero, sin apuro espero.
Quiero y no quiero al
mismo tiempo, parece triste, pero no, es lindo.
Entonces recojo, más bien
acerco, una silla que luce con dulzura su madera pulida. Me siento y detrás del
cristal miro, pienso y admiro. Me animo y abro el portal, respiro y digo:
“Gracias Dios por el alivio”.
