día a día, frecuentes,
negativo totalmente,
pesimista ocurrente.
Bueno, pero infeliz sin “suerte”,
así lo tildaban a Clemente,
pero lejos de enterarse,
era uno más entre la gente.
Triste, amargado, deprimente
era el rostro de Clemente,
de sonrisas carente,
sin alegrías referentes.
Un día, sin precedentes,
lo vieron sonriente,
algo había cambiado en su corazón y
en su mente,
“ya no es el mismo, ahora es
diferente”,
decían entre dientes.
Cristo había entrado en su vida,
simplemente,
de ateo paso a creyente, de común a
diferente,
y de huérfano a hijo permanente.
«Sonríe
si vives»
“El
corazón alegre hermosea el rostro” Prov. 15:13